Diabetes mellitus (DM)  en México: Observaciones, opciones y opiniones

Desde el año 2004, la diabetes mellitus (DM) es la causa #1 de muerte en México, según las autoridades.

Sólo que realmente la diabetes mellitus no es la causa de la muerte. Los mexicanos que tienen DM mueren más bien por las consecuencias de la hiperglucemia diabética crónica asociada al consumo de grandes cantidades de carbohidratos (CHO), que son los alimentos que se convierten en glucosa y otros azúcares en el sistema digestivo humano.

La hiperglucemia diabética es la causa #1 de muerte en México

Es fácil comprender y perdonar a un niño que tiene miedo a las sombras y la oscuridad.  Pero es una verdadera tragedia que un adulto tenga miedo a la luz.

En México y en todo el mundo, la cantidad excesiva de carbohidratos (CHO) en la alimentación de las personas que tienen DM es el origen de la hiperglucemia diabética crónica mortífera.

La alimentación típica o "normal" en México, proporciona 50-60% de sus calorías en la forma de CHO.  El páncreas normal de la persona mexicana que no tiene DM produce insulina suficiente para mantener los niveles normales estables de glucosa en sangre, que son de 71 - 99 mg/dL.

Las personas mexicanas diagnosticadas con la DM tienen una fuerte alergia anormal e incurable a los CHO.  Esta misma alimentación "normal" que incluye altas cantidades de CHO es la ilógica y perjudicialmente recomendada por las asociaciones nacionales e internacionales que se encargan de recomendar y guiar el tratamiento más y más lucrativo de la DM.

Interesantemente, la dieta "recomendada" es prácticamente la misma utilizada para engordar los cerdos y los pollos antes de que se vendan para el consumo humano en el mercado.  Porque éstos se venden por peso corporal, les conviene a los vendedores criar animales con elevado peso o "gorditos."

Los CHO (maíz, soya, granos, fruta, por ejemplo) causan una subida de peso en los animales y por supuesto en el ser humano. 

Por receta médica y dietética, el mismo consumo rutinario de cuantiosos CHO, en una dieta dizque "sana" y "balanceada," se instala como preferencia y hábito en la vida diaria del creciente número de personas mexicanas y en todo el planeta que viven con cualquier tipo de DM.

Es lo "normal."  Pero a partir del diagnóstico de la DM, el cuerpo humano ya no es "normal."

¿Es saludable para el ser humano comer muchos CHO, sea o no afectado por la DM?

¿De qué manera sirven para "tratar" la DM?

¿Con qué frecuencia producen resultados glucémicos sanos meta DESEADOS para las personas que viven con DM?

¿Se arriesgan estas personas a complicaciones peligrosas si no obtienen los comúnmente recomendados 55% a 60% de sus calorías diarias de azúcares y almidones?

La amenaza auténtica no es la diabetes mellitus.  La hiperglucemia diabética crónica es el verdadero asesino de los que supuestamente mueren por "diabetes."

Se estima que el 50% de las personas mexicanas que tienen algún tipo de DM, ni lo saben y lógicamente no reciben ningún tratamiento.  Intencionalmente o no, están todavía en la oscuridad.  El miedo a descubrir la “luz” o la verdad puede poner a una persona ciega a la realidad.

Hay estrategias de autodefensa contra el terror representada por cualquier condición incurable y potencialmente letal, incluida la DM.  Entre ellas están: El no saberlo, el no quererlo saber y el poder negar la presencia de lo temido. 

Otras maneras de evadir una consciencia del peligro de la DM incluyen: el no hacer caso a la DM, una actitud factible porque esta condición es silenciosa al inicio de su desarrollo, cuando todavía no habrá síntomas molestos; y el insistir en que uno/una está "bien" porque ningún profesional de la salud ha hecho claros los riesgos que la DM representa ni las exigencias del autocuidado eficaz de la condición.

Paradójicamente el verdadero peligro de la DM y la hiperglucemia diabética es mayor precisamente cuando la persona afectada lo niega, lo descuida o finge que no le afecta o que no tiene importancia, y, por ende, decide comer una dieta "normal."

De hecho, dándose cuenta de la presencia de DM y haciéndole caso racional e informado, el peligro de mayores problemas asociados, presente en la imaginación o inconsciencia, se minimiza.

El miedo a lo desconocido es a veces más intenso que el miedo a lo conocido.  La prevención de los males de la DM siempre es más eficaz que la cura de los mismo.

De la misma manera, es siempre esencial que la persona que vive con DM se entere de su estado glucémico, indicado por los chequeos semianuales y anuales del laboratorio y/o el monitoreo casero de GS.

Sólo el automanejo educado de la hiperglucemia diabética crónica podrá ofrecer protección real contra los estragos causados a mediano y largo plazos por esta condición anormal fisiológica.

La hiperglucemia diabética

La hiperglucemia se define como un nivel de GS anormalmente elevado, o sea, más de aproximadamente 100 mg/dL.

La palabra glucemia se refiere a la presencia de glucosa en la corriente sanguínea.  La presencia de una mínima cantidad de glucosa en la sangre (alrededor de 5 gramos en toda la corriente sanguínea de aproximadamente 5 litros en un adulto sin sobrepeso) es normal.

Esta mínima cantidad de glucemia es normal, tanto para las personas que no viven con DM como para las personas que sí viven con DM.  El diagnóstico de DM no altera lo que es fisiológicamente normal y seguro.

En cambio, la hiperglucemia no es nunca normal.  La hiperglucemia registra la presencia de glucosa excesiva en la corriente sanguínea.  La glucosa sanguínea excesiva es tóxica para la mayoría de los órganos vitales (retina, riñones, nervios, corazón).

Para la persona diagnosticada con DM, los niveles crónicamente elevados de GS son signos de la hiperglucemia no controlada, compensada o correctamente tratada.  Estos niveles glucémicos elevados son anormales y dañan el cuerpo y todos sus funciones y sistemas físicos y fisiológicos.

Entonces claro está que la meta lógica del tratamiento de la DM debe ser normalizar la glucemia para prevenir las complicaciones diabéticas.

Vale la pena enfatizar que esta meta lógica y racional es idéntica para todos tipos de diabetes mellitus, sea DM1, DM2 ó DMgestacional.  Los tratamientos recomendados y utilizados pueden variar, pero el objetivo siempre es el mismo: lograr niveles normoglucémicos, día y noche.

Diagnóstico de diabetes mellitus

La hiperglucemia es la indicación inicial de la presencia de la DM en el cuerpo.  Un valor glucémico anormalmente elevado es la huella principal de la presencia de la DM, una condición incurable.

Esta anormalidad metabólica define y confirma la presencia de DM y permite hacer el diagnóstico definitivo.  El diagnóstico de la DM se realiza en la mayoría de los casos al medir la cantidad de GS presente en ayunas, al despertarse después de un mínimo de 7 horas sin comer proteínas, grasas, alcohol ó CHO.

Si en dos días diferentes, el valor glucémico medido en ayunas es más de 125 mg/dL, se confirma el diagnóstico de DM, precisamente porque éste es un valor hiperglucémico anormal para las personas "normales" que no tienen DM.

Un valor glucémico entre 100 y 125 mg/dL también es un valor anormal para las personas que no tienen DM.

Pero, por razones desconocidas, los profesionales de la salud que constituyen y pertenecen a las instituciones prácticamente universales responsables de los estándares de diagnóstico y "tratamiento" de la DM, aseguran que estos mismos valores no señalan la DM.

Más bien, aseguran que los niveles de 100 a 125 mg/dL señalan algo que ni es definido como normal ni como DM, que es de por sí anormal.  Designan estos valores como indicadores de la prediabetes.

Ya que nadie ha podido definir satisfactoriamente la distinción entre prediabetes y la diabetes mellitus en sí, es lógico suponer que son idénticos o que manifiestan diferentes caras de la misma condición.  Ambas condiciones son incurables.

A partir de la presencia de la hiperglucemia mayor a 100 - 125 mg/dL en ayunas, se considera que la persona tiene DM y que el cuerpo ya no es "normal," porque no tiene niveles "normales" de GS y por lógica el funcionamiento de su páncreas, el órgano principalmente responsable del mantenimiento de niveles normales de glucosa en la sangre, tampoco es ni volverá a ser normal.

Esta anormalidad se llama hiperglucemia diabética y llega a presentarse periódica o crónicamente entre todos los que recibimos el diagnóstico de DM ó "prediabetes."  Es esta anormalidad que requiere de constante atención y manipulación oportuna y educada por parte de la persona que vive con DM, y de su familia en el caso de los niños y adolescentes.

Después del diagnóstico de DM ó de la "prediabetes," la hiperglucemia duradera sigue constatando que la condición no está siendo tratada lógica, racional ni eficazmente.

El páncreas y el nivel de glucosa en la sangre

El páncreas es el órgano que principalmente limita las concentraciones de glucosa en la sangre a las normales, que son aproximadamente de 71 a 99 mg/dL.

El páncreas mantiene normales los niveles de GS principalmente vía la producción y liberación de la hormona que se llama insulina.  Sin DM, los niveles normales están presentes en todo momento, noche y día, comer o no comer, en ayunas y posprandial.

La hiperglucemia diabética se relaciona al disfuncionamiento o la anormalidad del páncreas, que pertenece al sistema hormonal o endócrino.

El sistema endócrino tiene un rol central en la salud, la digestión, el crecimiento físico y otros procesos vitales.  Actúa mediante las hormonas.  Como todas las hormonas, la insulina, que regula directamente los niveles de GS, es sumamente poderosa y por ende liberada en cantidades minúsculas.

A diferencia de la DM, que es permanente e incurable, la hiperglucemia diabética puede ser tratada, evitada y corregida mediante el uso educado y correcto de la insulina, otras drogas, la alimentación, y la actividad física.  De ser así, los daños asociados a la hiperglucemia diabética crónica son prevenibles.

No obstante, una vez que las complicaciones diabéticas están completamente desarrolladas, sólo unas cuantas son reversibles.

Por eso, la meta lógica de cualquier tratamiento racional de la DM es establecer niveles de GS dentro de un rango de valores que sea seguro.  Este rango comprende los valores no diabéticos entre aproximadamente 65 - 99 mg/dL.

Engaños, autoengaños, falta accidental o intencional de educación diabetológica, y/o desatención a la misma

La persona que recibe el diagnóstico de DM típicamente tiende a no darse cuenta ni ser informada de que su cuerpo ya para siempre ha dejado de ser "normal."

El profesional de la salud y miembros de la familia muchas veces apoyan y favorecen esta tendencia irracional y defensiva al minimizar inicialmente la anormalidad de la condición, al "recomendar" una alimentación "normal" para tratar una condición y cuerpo sumamente anormales, y al omitir mención completa y detallada de las verdaderas consecuencias de la hiperglucemia diabética crónica.

En realidad, a partir de la presencia de DM y la hiperglucemia diabética consecuente, ninguno de los sistemas del cuerpo funciona perfecta ni normalmente.  La posible excepción el cabello.

En el caso de DM, tipo 2 (DM2), un nivel de GS anormal elevado al principio de la evolución de la DM no produce síntomas notables.  La persona afectada podrá pensar, sentir y decir, "Yo estoy bien.  No me siento mal."  Pensará que todo sigue normal.

Puede seguir pensando así durante 6 – 10 años, aun si ha recibido y aceptado el diagnóstico de la DM2.  Esta falta de síntomas incómodos o dolorosos contribuye a la habilidad del individuo de negar la presencia y seria anormalidad de la DM.

Factores que agravan la hiperglucemia diabética

La hiperglucemia diabética es producida e intensificada inicialmente por la ausencia de suficiente insulina endógena o de insulina endógena de suficientemente buena calidad.


Pero, otros factores también ejercen gran influencia sobre la hiperglucemia diabética.  Por ejemplo, la enfermedad temporal, algunos medicamentos como los corticoesteroides orales, inyectados o inhalados, y los carbohidratos (CHO) en la alimentación de la persona que vive con DM.

Porque el páncreas de una persona "normal" o sin DM produce insulina suficiente cuando sea necesaria, esta persona sólo experimenta una abreviada elevación en su glucemia debido a los primeros dos factores.  El consumo de grandes cantidades de CHO no resulta en una elevación glucémica anormal para la persona que no tiene DM.

Para la persona que vive con cualquier tipo de DM, estos factores producen hiperglucemia significativa y peligrosa. 

Las insulinas son imprescindibles en el automanejo de la hiperglucemia diabética en las personas que viven con DM1.  Aprender el uso de las insulinas y de sus dosis exactas implica un largo proceso de prueba y error.

Los medicamentos orales antihiperglucemiantes utilizados para el manejo de la hiperglucemia diabética de las personas que viven con DM2 logran reducir la hiperglucemia sólo en mínimas e insuficientes cantidades.

Por sí solos, sirven para sólo para reducir la glucemia, pero no para normalizarla.  Casi nunca posibilitan la normoglucemia estable.

¿Una "remisión" de la DM2?

En algunas instancias de DM2, la alimentación con mínimos CHO puede resultar en una normoglucemia temporal impresionante.  Muchas veces esto se entiende como una cura o una remisión de la DM2.

En realidad, no es cura ni remisión de la DM2.  Si la persona afectada vuelve a agregar cantidades "normales" de CHO a la alimentación, se verá que rápidamente produce la misma hiperglucemia diabética presente antes de reducir los carbohidratos alimenticios.

La DM es incurable y no desaparece permanentemente con la alimentación sin carbohidratos ni con el paso del tiempo.

Las insulinas en tipos, dosis y frecuencias correctas, en combinación con una alimentación baja en CHO, confiablemente normalizan la GS irrespectivamente del tipo de DM presente.

En todo tipo de diabetes (menos la diabetes insípida, que es completamente distinta a la diabetes mellitus), los alimentos fundamentalmente responsables de la diaria, rápida y anormal elevación de los niveles de GS son los carbohidratos.

Estos incluyen el pan, la fruta, la tortilla, el arroz, frutas secas, la pasta, la leche, granos y harinas de cualquier tipo, frutas frescas, dulces, azúcares y todos los almidones y fibras.

La trascendencia vital de la educación diabetológica para la persona que vive con DM...y para su familia

La educación diabetológica completa en México y en todo el mundo, es escasa y difícilmente accesible.  Los profesionales de la salud encargados de proporcionar esta educación especializada a sus pacientes raras veces disponen del tiempo suficiente.  Y ningún seguro pagará el tiempo profesional dedicado a la enseñanza diabetológica.

Sin embargo, sitios de internet como diabetes-safari.com en español y algunos otros en inglés (Diabetes University y Type 1 Grit) sí proporcionan información esencial y útil acerca del tratamiento, autotratamiento y automanejo de la DM.

Si la educación diabetológica e información práctica obtenida, sea pagada en consultas o gratuitamente del internet, es racional y honesta, puede iluminar el camino de la persona que tiene DM y permitirle evitar el desarrollo o el empeoramiento de las complicaciones de la hiperglucemia diabética crónica.

Hoy en día, en cuanto al valor del automanejo y del autotratamiento racional de la hiperglucemia diabética para poder mantener una alta calidad de vida, la única manera de no saber es no querer saber. 

A veces o durante largos períodos de tiempo, el autotratamiento de la persona afectada por la DM puede ser nulo, intermitente, inepto y/o mal informado.  Día a día, la educación diabetológica verídica puede informar y mejorar su autocuidado, pero únicamente si mejorar su autotratamiento es lo que realmente busca.

Un dicho perspicaz del año 1923, hecho por el mejor y mejor conocido endocrinólogo del día, el Dr. Elliott Joslin, declara que la educación diabetológica "no es una parte del tratamiento de la DM, sino que es el tratamiento de la DM."  Claramente, el tratamiento de la DM se realiza a través del autotratamiento educado.

Los niveles crónicos de glucosa en la sangre y el desarrollo de las complicaciones diabéticas

La persona afectada por la DM es quien es responsable del autocuidado durante las 24 horas de cada día.  La falta de educación práctica y el fracaso inevtable de los esfuerzos para normalizar la GS bajo el régimen alimenticio y farmacéutico típicamente recetado y recomendado, favorecen las innecesarias tragedias conocidas como las complicaciones diabéticas (amputación, ceguera, falla renal, infarto cardíaca, neuropatía, cardiopatía, gastroparesia, etcétera).

La causa de las complicaciones diabéticas está bien conocida: la presencia crónica de glucemia anormalmente elevada en la persona que vive con DM.  En los estudios científicos, un valor glucémico "anormal" se difiere de valores "normales" encontrados entre las personas que no tienen DM ni ninguna otra disfunción pancreática o metabólica.

Lo cierto es que sin educación pertinente y autocuidado acertado y oportuno, la hiperglucemia diabética estará presente tanto durante la "prediabetes" como después del diagnóstico definitivo de la DM.

Después del tratamiento inicial posdiagnóstico, en México y en el resto del mundo, casi sin excepción las personas que tienen DM siguen manifestando valores de GS anormalmente elevados, a pesar de la educación recibida, a pesar de los varios tratamientos recetados y utilizados y a pesar de la fama y experiencia de los profesionales de la salud que las “tratan.”

Aunque hay momentos en que las personas diagnosticadas con DM podrán lograr unas horas de normoglucemia (71 – 99 mg/dL), este logro generalmente no dura lo suficiente como para clasificarse como normoglucemia estable.

Más bien, se instala un altibajo glucémico permanente.  La glucemia fluctúa constantemente entre (1) largos períodos de hiperglucemia (durante ayunas, en las horas después de tomar alimentos y durante la noche mientras la persona afectada duerme), y (2) breves episodios de normoglucemia y/o hipoglucemia, durante la máxima acción de las innumerables y a veces muy caras drogas antidiabéticas.

La inestabilidad glucémica causada por estos vaivenes habituales es en sí nociva, según investigadores de la DM1.

Los niveles glucémicos anormalmente altos, aunque sean de corta duración, no son inocuos.  Si llegan a ser crónicos, los daños al cuerpo son aun mayores. 

Niveles glucémicos anormalmente elevados originan las complicaciones diabéticas (retinopatía, nefropatía, neuropatía, cardiopatía) y los daños y riesgos de enfermedad y muerte que éstas conllevan.

Por eso, el propósito lógico del tratamiento racional de la DM es establecer niveles de GS dentro de un rango de valores que sea seguro.  Este rango comprende los valores no diabéticos entre aproximadamente 65 - 99 mg/dL.

La prevención de daños al cuerpo

Mientras más normales los niveles glucémicos, más seguros son para la salud física y psicológica de la persona que vive con DM.  Los niveles de GS que con mucha seguridad previenen las complicaciones diabéticas son los ampliamente normales (65 – 99 mg/dL).

Así, la meta razonable del tratamiento de la hiperglucemia diabética es ingeniar glucemia estable dentro o cerca del rango normal de GS, lo antes y lo perdurablemente posible.

El regreso asiduo y constante de cualquier hiperglucemia diabética a un nivel normoglucémico puede ser molesto, pero es también imprescindible.

La DM es incurable y desde aun antes del diagnóstico formal, cuando las autoridades suelen definir la DM como la "prediabetes," existirá de por vida en la persona afectada.

Claro, nunca será posible tratar o revertir la hiperglucemia diabética de ayer o del mes pasado.  Por eso, el tratamiento de la hiperglucemia es asunto de atención constante, diaria, repetida y proactiva.  El automanejo de la DM requiere de educación, disciplina, conocimiento y esfuerzo.

Si la DM es incurable ¿cuál es el propósito racional de su "tratamiento"?  ¿Será el imponer el actual y perenne plan ineficaz de múltiples medicamentos con menos que óptimos resultados?  O ¿será la simple normalización estable de la GS?

Hay 3 tipos principales de DM: diabetes mellitus tipo 1 (DM1), diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y diabetes mellitus gestacional (DMg).

Después del diagnóstico de cualquier tipo de DM, menos del 3% (estimado) de los mexicanos que siguen cualquier plan recomendado de tratamiento para su condición suelen presentar niveles de GS normales o relativamente normales (60 – 120 mg/dL).  Y eso aun si se sabe que la hiperglucemia diabética es la causa #1 de muerte prematura en México.

Con frecuencia, durante meses y años de recetas médicas, cambios de régimen de medicamentos, consultas, hospitalizaciones periódicas y mucho gasto para "tratamiento" común o exótico, sea autorecetado, indicado por los profesionales de la salud, conseguido de los charlatanes del mercado o de una vecina, los niños, adolescentes, adultos y ancianos mexicanos que viven con DM siguen presentando niveles de GS casi indistintos de los observados entre sus compatriotas que también viven con DM. El 75% de estas personas no utilizan medicamentos y que no reciben cuidado médico acertado.

Evaluando la validez del autotratamiento de la hiperglucemia diabética

La manera más confiable de medir el éxito del tratamiento utilizado u omitido o alterado para normalizar la hiperglucemia diabética emplea la prueba de hemoglobina glucosilada ó A1c ó A1c%.  El resultado de esta prueba rinde un estimado muy preciso del promedio glucémico durante los 2 – 3 meses previos a la prueba.

El A1c mide el porcentaje de células rojas en la sangre que han sido sofocadas y dejadas permanentemente disfuncionales por cantidades anormalmente elevadas de glucosa en la sangre.

Es aconsejable realizar esta prueba indispensable y económica (en los laboratorios de Salud Digna en la CDMX, el costo es de 185 pesos mexicanos, en el 2022) cada 1 - 3 meses.  El resultado ayuda a la persona que vive con DM a entender el significado de su actual grado de control glucémico y a evaluar los efectos positivos o negativos de recientes cambios en su autocuidado.

Un valor de A1c que indica normoglucemia es de 5% ó menos.  Los valores aproximados de las personas que no tienen DM típicamente se encuentran entre 4.2% y 4.6%, dependiendo de su edad.

Los valores glucémicos cotidianos de la mayoría de los mexicanos que tienen el diagnóstico de DM y que reciben o aplican algún tratamiento recetado por el médico o sugerido por el Educador en Diabetes, siguen siendo anormales, a pesar de sus propios esfuerzos y los de los profesionales de la salud.

Nadie ha podido explicar el "por qué" de esta realidad.  Pero es más que probable que tiene que ver con el consumo recomendado de los CHO concentrados.

Los que no aplican el tratamiento oficial prácticamente universal también siguen presentando elevados niveles de hiperglucemia.  El grado de anormalidad de la GS capilar puede variar (141 ó 189 ó 250 mg/dL, por ejemplo), pero en fin la anormalidad glucémica categórica arriba de 125 mg/dL produce las complicaciones diabéticas a mediano y largo plazos.

Para efectos de predicción de complicaciones a futuro, un valor promedio de 130 mg/dL no garantiza menos anormalidad o menos patogénesis (es decir, las complicaciones) que un valor promedio de 200 mg/dL.

¿Quién tiene la fórmula, el plan, la dieta, la droga que nos llevará a la normoglucemia?

Las organizaciones nacionales e internacionales de diabetes mellitus (American Diabetes Asociation, International Society for Pediatric and Adolescent Diabetes, European Association for the Study of Diabetes, Federación Mexicana de Diabetes, entre muchas otras), llevan ya más de 83 años recomendando rutinas, prácticas, dietas y algunos medicamentos que en teoría podrían reducir los niveles de GS y así facilitar la prevención de las complicaciones diabéticas.

Estos tutores y custodios de la salud futura de las personas que ahora viven con DM no recomiendan abiertamente la normalización de la GS para las personas que viven con DM.  En 1993, el estudio del DCCT (Diabetes Control and Complications Trial) validó el valor de la normoglucemia en la prevención de las complicaciones diabéticas.

De hecho, en la práctica, las fórmulas y recomendaciones de las organizaciones nacionales e internacionales de diabetes mellitus, por bien memorizadas y repartidas e insistentemente aplicadas por sus defensores en todo el mundo, raras veces producen siquiera un acercamiento aproximado a la normalización estable de la glucemia de la persona afectada por la DM.

Estos custodios de la salud pública promueven la continuación del tratamiento "oficial" tradicional de la DM.  Su regimen oficial publicado ni menciona el valor del logro exitoso de la normalización glucémica como meta o parte elemental del tratamiento de la DM.  Tampoco menciona el rol central de la normoglucemia en la prevención de las complicaciones diabéticas.

A pesar de años de seguir el "tratamiento" convencional o intensificado, con los patrones establecidos por las autoridades, pocas personas que viven con DM logran reducir la magnitud o frecuencia de la hiperglucemia diabética.

En 1993, el estudio Diabetes Control and Complications Trial reportó un valor glucémico promedio de 146.2 mg/dL (una A1c% promedio de 7%) entre los 1441 personas con DM1 que recibieron el tratamiento "intensivo."  "Intensivo" quería decir que los sujetos utilizaban 3 ó más inyecciones diarias de insulina o utilizaban una microinfusora de insulina (= la "bomba").

Hoy, casi 29 años más tarde, estudios científicos realizados por los profesionales de la American Diabetes Association reportan casi sin excepción valores glucémicos promedios de 220 mg/dL (una A1c de aproximadamente 8.2%) ó más, entre las personas que reciben atención médica para la diabetes mellitus.

Esta cronicidad de la hiperglucemia diabética llega a ser responsable de las complicaciones diabéticas.  Innecesariamente y a pesar de la existencia de la tecnología avanzada, de insulinas especialmente diseñadas por las farmacéuticas y de la disponibilidad de la educación y el conocimiento necesarios para poder limitarla o prevenirla,

En su turno, estas complicaciones son finalmente responsables de la muerte, mayomente por enfermedad coronaria, de las personas que tienen DM en México y en el mundo entero.

Normoglucemia como prevención de las innecesarias complicaciones diabéticas:  Responsabilidad de la persona que vive con DM

Vale decir que en toda instancia, es la persona adulta (de más de 17 años de edad) afectada por la DM que tiene la responsabilidad total de decidir sus metas glucémicas y de buscar y obtener la educación diabetológica adecuada, sea de los profesionales de la salud o del internet, siempre en combinación con lo aprendido por su propia experiencia personal.

Muchos no poseen la información básica como ¿cuál es el rango de valores glucémicos normales, no diabéticos?

Actualmente, el mantener la normalidad real o aproximada de los niveles de GS es lo único conocido que asegura que la persona que vive con DM salga ilesa de las complicaciones diabéticas o de su empeoramiento si ya están presentes.

La normoglucemia a mediano y largo plazos también permite la reversión de ciertas complicaciones diabéticas (la retinopatía, la nefropatía) si éstas todavía no son severas e irreversibles.

No obstante, un muy gran número de personas afectadas por la DM de duración variable, ni siquiera pueden precisar cuál es el rango de valores glucémicos normales o no diabéticos.

Desconocer lo básico de la condición incurable que nos toca vivir permite una tranquilidad falsa y peligrosa, tanto para el paciente como para el profesional de la salud.

Sabiendo el valor glucémico típico de las personas que no tienen DM, la persona afectada obtiene una norma para juzgar la calidad de su tratamiento y conocimiento.  Le permite poder comparar sus resultados con los de las personas que nunca tendrán complicaciones diabéticas, es decir, las que no tienen DM.

La normoglucemia no produce complicaciones diabéticas, tenga uno/una ó no la DM. La DM no produce las complicaciones diabéticas.  Es la hiperglucemia diabética crónica que produce las complicaciones diabéticas.

Bien la persona que vive con DM podrá ver la "luz" de la anormalidad dañina de sus niveles glucémicos cotidianos.  El monitor casero de GS y el valor de la A1c nos lo indican.

Pero las emociones y el sistema psicológico autoprotectivo de la persona afectada son capaces de resistir la racionalidad y una perspectiva lúcida.  Y de detener la acción correctiva necesaria.

Por ejemplo, uno de mis clientes mexicanos que vive con DM2 reportó resultados glucémicos 95% normales (es decir, menos de 100 mg/dL) a través de muchos años.

Como su Educador en Diabetes, le recomendé y él compró un nuevo medidor casero de GS, el #2 en precisión.  Después de 2 semanas de utilizar el nuevo medidor, mi cliente quedó enojado y dejó de emplear el nuevo medidor porque éste reportaba valores glucémicos aproximadamente 10% más altos que los que había recibido con su medidor acostumbrado.

No quiso seguir conmigo y volvió a utilizar exclusivamente su primer medidor de GS.

En este caso, la pregúnta necesaria es: ¿cuál conjunto de valores es el más preciso, es decir, el correcto?  Si son los primeros valores normales, nos sentimos bien y creemos que estamos bien.  Seguimos felices y tranquilos emocionalmente, pero sin saber si estamos decepcionados o bien informados y sin tener que preguntarnos si nos estamos engañando.

Si los nuevos valores elevados anormales son los correctos, nos crea un conflicto incómodo.  Tendríamos que cuestionar muchos hábítos de alimentación, ejercicio, uso del alcohol, períodos de viajar y comer en restaurantes desconocidos, etcétera.

Así, evitamos el conflicto sin evaluar las bases del mismo.  Lo racional es utilizar el valor de la A1c para resolver dudas y para comparar y confirmar cuál conjunto de valores glucémicos es más preciso y "real."

Siguiendo con lo siempre recomendado y autorizado por los profesionales de la salud y las instituciones de salud pública y a la vez descartando su propia experiencia, la persona que vive con DM, en México o en otras partes del mundo, fácilmente podrá llegar a concluir que los tratamientos conocidos prácticamente ubícuos deben ser los correctos.

Estas prácticas exhortan el alto consumo diario de los CHO y el "vigilar" la hiperglucemia consecuente inevitable.  Aparentemente, representan la única opción de vida para la persona diagnosticada con DM, aun cuando esta opción patentemente no funciona para que ella o él alcance metas de niveles glucémicos normales o cercanos a los normales seguros.

La normoglucemia como meta personal presenta al profesional de la salud un enrome reto.  Por eso, es raro que se mencione en las consultas como una posibilidad o una meta.

La gran mayoría de los profesionales de la salud no están dispuestos a entretener la factibilidad de esta meta o aspiración.  Aun menos profesionales  tienen el tiempo y conocimiento necesarios para guiar o educar a la persona interesada para que él o ella sí pudiera alcanzar su ambición.  Otros no lo permitirían porque no es lo "recomendado."

Lo común o "típico" para la persona afectada por la DM es seguir, a través de años y décadas, ambicionando lo recetado mientras que logra y acepta el éxito del fracaso glucémico y favorece el desarrollo de las mismas complicaciones a que el "tratamiento" propuesto dizque va dirigido.

¿Por qué seguir un "tratamiento" o cualquier componente del mismo, sea recetado por el profesional de la salud o por el vecino que tiene 20 años viviendo con DM, si el tratamiento no rinde los resultados deseados?

Obviamente, si el tratamiento permite que la persona que lo utiliza alcance resultados glucémicos de acuerdo con sus metas glucémicas personales explícitas, vale la pena continuarlo.  Si no ¿cuál es el chiste?

El dato indispensable para entender este chiste es: ¿Cuántas personas que viven con DM tienen una meta glucémica numérica definida?  Sin definir y saber a dónde nos dirigimos, ningún viento es favorable.  Sin saber el "destino" o lo meta, no podemos ingeniar un camino directo navegable.

La DM es la única condición crónica en que las personas afectadas pueden ser constantes en sus consultas, pueden perseverar en la aplicación de las dosis y medicamentos recetados, pueden persistir en su "autotratamiento" y sus esfuerzos para lograr el "control" e incluso pueden mantener su fe y optimismo de que algún día lo que no ha funcionado desde el diagnóstico, para la sorpresa del profesional de la salud y del paciente mismo, milagrosamente empiece a dar resultados positivos.

Por ejemplo, un valor de A1c que cada tres meses durante años varía entre 7% y 11%, no sólo sugiere que el tratamiento no es funcional ni exitoso sino que además no se han hecho modificaciones reales oportunas alimenticias y terapéuticas (de medicamentos o dosis de medicamentos) en el transcurso de estos años.  ¿Really?  ¿Durante años?

Este tipo de "fracaso" glucémico ininterrumpido continúa porque la persona que vive con DM, paralizada o abatida por el éxito de lograr recurrentemente sólo el "fracaso" glucémico, no ha pedido ni exigido ni querido aprender el camino al "éxito" glucémico auténtico.

Habrá aceptado como natural e inevitable el mito o la creencia general de que la persona que vive con DM "naturalmente" tendrá hiperglucemia constantemente y no podrá evitar las complicaciones diabéticas.  Y que, obviamente impotente para automanejar la DM, morirá postrada por la condición.

Acostumbrada a la repetición y reproducibilidad previsibles del fracaso glucémico, mundialmente convalidado y sancionado por las normas y expectativas de las autoridades (médicos, educadores en diabetes, asociaciones prestigiosas, prensa, familia, amigos y experiencia personal), la persona que vive con DM acepta la inevitabilidad de la catástrofe del diagnóstico de la DM y de sus secuelas.

Muy erróneamente, la diabetes mellitus llega a significar ser sinónimo de la hiperglucemia diabética crónica.  Así, la hiperglucemia diabética llega a ser lo "normal" y aceptado por y para una persona que vive con DM.

Para consolarse y acomodarse a la rutina, tanto el profesional de la salud como la persona que tiene DM traen a la memoria el que la anormalidad glucémica es lo anticipado, lo común, lo típico, lo frecuente o permanente e incluso lo oficialmente recomendado para los que viven con DM.

Por lo tanto, diariamente padeciendo la misma anormalidad glucémica diabética que la mayoría de las demás personas afectadas, el ser humano que vive con DM vuelve a sentirse felizmente "normal" y en solidaridad con su cohorte mundial.

Les asegura a todos que su "doctor" tiene su caso "bajo control."  Como dijo Arthur Schopenhauer, "Nos olvidamos del 75% de quiénes somos para llegar a ser como los demás."

En realidad, la salud futura bien tiene que ver con la salud actual.  El cuerpo cambia a través de los años, deteriorándose.  Cuando está inundado de niveles tóxicos de glucosa, el deterioro se aumenta y se acelera.

El estilo de automanejo de la glucemia diabética debe adecuarse a la par de los cambios y requerimientos del cuerpo físico.   Pero a final de cuentas, la "cura" de cualquier anormalidad o complicación causada por la hiperglucemia diabética siempre es mucho más difícil que su prevención.

Complicaciones diabéticas: Desarrollo y consecuencias

Meses o años después del diagnóstico de la DM, suelen presentarse complicaciones diabéticas menores (neuropatía dolorosa o disfunción eréctil, por ejemplo) o mayores (heridas que se infectan y no se curan, cetoacidosis que requiere de internación en el hospital, serios problema de vista borrosa) que luego luego sugieran o dicten cambios inmediatos del "tratamiento," incluso atención urgente a la revisión y selección de metas glucémicas cercanas a los valores normales.

Estas complicaciones diabéticas no por coincidencia complican aun más el manejo médico y el automanejo personal de la glucemia.  La hiperglucemia diabética genera anormalidad que, en su turno, genera aun más y mayor anormalidad.

Para promover su supervivencia, el cuerpo sin DM se ha evolucionado de tal manera que garantiza la normalidad glucémica, porque así asegura la normalidad del desarrollo, del funcionamiento y de la duración natural de la vida física.  La anormalidad glucémica genera la anormalidad física y funcional y acorta la expectativa de vida de las células y del cuerpo del ser humano que vive con DM1.

Debido a la falta o insuficiencia de insulina endógena, la hiperglucemia diabética no se resuelve por sí sola en las personas afectadas por la DM.  Por eso, una postura de indolencia, inactividad, aceptación o pasividad frente a su presencia anormal aguda o crónica puede precipitar o empeorar los daños que tarde o temprano la hiperglucemia tóxica acarrea.

Transformando el autocuidado de la DM, solo/a y/o acompañada/o

Desde luego, la persona que vive con DM puede decidir cambiar o transformar su actitud y/o comportamiento hacia el automanejo de la hiperglucemia diabética crónica y moverse hacia un estado actual y futuro mayormente normoglucémico.

Aprovechando la información en sitios que son independientes de las instituciones globales y gubernamentales dedicadas a la DM, como diabetes-safari.com en español y Dr. Bernstein's Diabetes University y Type 1 Grit en inglés, es posible aprender a iniciar los procesos que funcionan para normalizar los niveles de glucemia diabética.

El viaje de aprendizaje y experimentación personal se facilita al tener acceso a un o una profesional de la salud que comprenda y respalde las metas glucémicas que favorecen la salud a largo plazo.

Esta persona profesional es aun más útil y competente cuando tiene conocimiento personal de los retos a causa de que ella también vive con DM.  El ser humano es capaz de mucho aprendizaje basado en su propia experiencia personal.

Si el mismo tratamiento de siempre de la hiperglucemia diabética no resulta en valores glucémicos más cercanos a los normales o más de acuerdo con las metas glucémicas de la persona afectada, lo lógico es buscar y probar otro tratamiento o autotratamiento que posiblemente puedan servir mejor.

Si todos los días una persona tuviera dolor de cabeza, y por lo tanto todos los días tomara una aspirina para aliviar este dolor, y aun así el dolor no se le quita, sería absurdo continuar con la aspirina diaria.

Una definición experta de la locura es:

repetir siempre la misma acción (o sea, aplicar el mismo "tratamiento," dosis de insulinas/medicamentos, alimentación, actividad física) que siempre da el mismo resultado no deseado, mientras que se mantiene la expectativa de que esa misma acción habitual produzca mañana o pasado el resultado positivo deseado.
Posibles caminos hacia el "control" y automanejo glucémico

Básicamente existen tres opciones para manejar y automanejar o "controlar" la hiperglucemia diabética.  A escoger:

Estas tres opciones para el tratamiento de la hiperglucemia diabética son distintas.  La decisión de preferir una opción a las otras dos tiene consecuencias, negativas y/o positivas, que también son distintas.  Hay que pensar detenidamente la decisión y las consecuencias.

La hiperglucemia diabética crónica tarde o temprano produce múltiples complicaciones diabéticas (malestar físico seguido, facilidad de infección bacterial, cansancio crónico, impedimento cognitivo, retinopatía, nefropatía, gastroparesia, entre muchas otras).

A través de los años con DM, los resultados glucémicos dependen casi exclusivamente de la persona adulta que vive con DM.

La finalidad de la tercera opción es prevenir oportunamente las complicaciones diabéticas y detener el avance de las que ya estén presentes, en la medida en que esto sea posible.

Todas las 3 opciones requieren una decisión consciente, idealmente hecha con reflexión sobre las influencias inconscientes pertinentes. 

Algunas consecuencias a mediano y largo plazos de las decisiones tomadas

La hiperglucemia diabética crónica tarde o temprano produce anormalidad.  Con mayor y más frecuente hiperglucemia viene más anormalidad fisiológica.

Aunque las primeras dos opciones son las más elegidas, no permiten una óptima calidad de vida y sus costos económicos son elevados.  Estas opciones, por permitir el consumo de muchos CHO concentrados, conllevan la oscilación glucémica desmedida, entre hipoglucemia, hiperglucemia y normoglucemia.

Esta fluctuación limita la velocidad normal de crecimiento del cerebro de los niños y adolescentes y puede provocar cambios de carácter, inestabilidad emocional y dificultades para aprender.  Por otra parte, una marcada fluctuación glucémica produce fatiga física, estrés psicológico y envejecimiento prematuro.

A diferencia de las primeras dos opciones, la meta factible al escoger automanejar la hiperglucemia diabética según la tercera opción es prevenir las complicaciones diabéticas y detener el avance de las que ya estén presentes.

Los costos económicos de esta tercera opción son bajos y pocos, sobre todo si se adopte relativamente pronto después del diagnóstico de DM.

Rol de responsabilidad de los padres en la educación diabetológica práctica de los niños y adolescentes

A cualquier edad, mantener niveles glucémicos normales o casi normales permite el funcionamiento normal del cuerpo y cerebro.  Para los niños y adolescentes que viven con DM, la normoglucemia, aun ampliamente definida, es imprescindible para que el crecimiento físico, intelectual, emocional, educativo, psicológico y social proceda a paso de lo normal.

Por costumbre y por la estructura sociopolítica de la familia y la sociedad, son los padres de los menores de edad quienes eligen la opción del "tratamiento" que se les aplicará a sus hijos. 

A los padres de prácticamente todas las culturas se les asigna la responsabilidad moral y económica de entregar a su hija o hijo a la mayoría de edad en la mejor salud posible y sin excesivas complicaciones diabéticas.

Es más, los adultos de la familia son responsables de conocer y aportar el óptimo tratamiento para su hija o hijo que tiene DM.  Su deber es seleccionar y aplicar el tratamiento que permitirá a su hijo o hija llegar lo más sano/a posible a la adultez, sin restringir su crecimiento físico ni perjudicar su desarrollo intelectual, psicológico y social.

La suposición básica de los adultos fuera de la familia nuclear del niño o adolescente que tiene DM es que al salir de la minoría de edad, los hijos vayan a saber (por haber aprendido en su familia) tomar sus propias decisiones respecto a su salud adulta futura.

En el caso de los adultos diagnosticados con DM a una edad más temprana, siempre son ellos mismos que deciden cuál opción de tratamiento y cuáles resultados o consecuencias les convienen.  Para poder decidir bien informados y educados, ellos necesitan experiencia vivida y educación diabetológica fundada.

Porque las consecuencias del manejo y automanejo de la hiperglucemia diabética afectarán de manera directa exclusivamente a la persona adulta que tiene DM, no es el médico, la enfermera o el educador en diabetes que decida y realice el tratamiento preferido.

Una dependencia de otros que tienen mayor conocimiento y experiencia en el automanejo de la DM puede ser justificada durante los meses y años de la niñez y adolescencia, pero para el adulto que vive con DM, la mayor parte de la educación diabetológica funcional viene de la autoeducación, la práctica diaria y la experiencia de primera mano.

La DM es una de las pocas condiciones médicas que exigen de automanejo.  Cada persona adulta afectada es responsable de informarse para realizar un elección diaria de la calidad de automanejo y vida que desea, necesita, prefiere y va diseñando.

Diabetes mellitus en el resto del mundo

Alrededor del mundo, millones de personas que viven con DM intentan día tras día lograr el "control" glucémico por una multitud de rutas o técnicas imposibles.

Inevitablemente fracasan.  Parece que para los profesionales de la salud y para los que tienen DM, seguir el tratamiento recomendado es más loable que obtener un resultado glucémico positivo mediante el mismo.

Mundialmente, se estima que en el 2019 hubo 463 millones de adultos viviendo con DM y que habrá más de 700 millones para el año 2045.  Otros 250 millones de personas ya tienen DM, pero no lo saben porque en su caso la DM todavía no ha sido diagnosticada.

Una política al borde de la duplicidad

Claro, la mayoría de los profesionales de la salud, los pacientes que tienen DM y las asociaciones que se dedican a guiar a estos dos grupos, no plantearán los datos y hechos así como en este artículo a la persona que vive con DM.

Raras veces se le indicarán que el aplicar sus recomendaciones de comer 55-60% de su dieta en forma de CHO, difícilmente permitirá resultados exitosos con respecto a niveles glucémicos seguros o normales.

Tampoco les comentarán a sus pacientes que el comer así implica y requiere de enormes cantidades de medicamentos o de insulina, a pesar de que aun esas cantidades farmacéuticas grandes no garantizan la normoglucemia ni la prevención de las complicaciones diabéticas.

Ni que, por ejemplo, grandes cantidades de insulina por sí solas pueden ocasionar daños a los vasos sanguíneos (ref. = https://www.researchgate.net/publication/46106942_Effects_of_Insulin_on_the_Vasculature   Ya no está en internet.).

Mundialmente, las autoridades prefieren comunicarles "buenas" noticias a todos, asegurándoles que la persona que tiene DM debe comer una dieta "normal" y comer "lo que quiera" mientras que lo siga intentando balancear, "compensar," "controlar," o "cubrir" con insulina y/o medicamentos orales poderosos y raras veces económicos.

Prefieren asegurarles a sus pacientes y al público en general que "pronto" habrá una cura para la DM, si los investigadores sólo tuvieran acceso a unos miles de millones de pesos más.

En otras palabras, el sistema de salud puede convertirse en sistema de enfermedad cuando nos asegura que el aceptar el tratamiento recomendado y estándar y perseguir en ello aun cuando los resultados sean dudosos, es más importante que lograr un resultado personal seguro mediante el mismo.

Riesgos y peligros de no participar en el diseño del tratamiento, de no evaluarlo por los resultados deseados, de no asumir responsabilidad por su desenlace y consecuencias a futuro

Teóricamente, la razón que en primera instancia justifica todo tratamiento de la DM es la compensación eficaz y oportuna de la hiperglucemia diabética crónica.

En la práctica, sin embargo, seguir el tratamiento recetado u oficialmente recomendado aun cuando no da resultados positivos, se considera fundamental y socialmente aceptable.  Muchos pacientes y profesionales de la salud aparentemente creen que el "sistema político" manda y el seguir sus mandados representa una obediencia apropiada y una sumisión justificada a las "autoridades."

La persona que vive con DM es presionada a ser sólo seguidor en vez de líder del equipo de profesionales que ingenian su "tratamiento" o "control."

En general, el sistema de salud y las mismas personas afectadas por la DM generalmente no consideran razonable que la persona que vive con DM busque o sepa definir y lograr óptimos resultados glucémicos mediante sus esfuerzos ni que cuestione la idoneidad de los resultados corrientes y habituales.

La mayoría de los profesionales de la salud y las asociaciones profesionales se sustentan mutuamente.  Se unen para asegurarle a la persona que vive con DM que ella es realmente "normal" y que puede y debe comer una dieta "normal" y así vivir una vida "normal."

Sin embargo, la realidad es que cuando la persona anormal por la presencia de la DM coma los alimentos "normales" o "típicos," el resultado será la hiperglucemia diabética, que es anormal y que produce anormalidad fisiológica adicional.

A corto plazo, seguir este camino garantiza cierto gusto para el paladar, que en muchos casos se paga a largo plazo con la enfermedad, un envejecimiento prematuro, una calidad de vida sutil u obviamente reducida y una vida acortada por las complicaciones de la hiperglucemia diabética crónica.

La persona que tiene DM y que sigue los estándares de tratamiento oficialmente establecidos, especialmente los patrones alimenticios, sin adaptarlos a las respuestas metabólicas de su fisiología, tendrá una expectativa de vida hasta 15 años más corta que la de la persona que no tiene DM.

En México, uno de cada 3 niños nacidos después del año 2000 padecerá DM.  Los niveles excesivos crónicos de GS les afectarán de tal forma que los expertos ya creen que los niños y adolescentes con DM tendrán una expectativa de vida más breve que la de sus padres.

Irónicamente, ir con el profesional de la salud, sea endocrinólogo, médico, nutriólogo, educador en diabetes o naturista, para pagar consejos que perpetúen la hiperglucemia diabética (más de aproximadamente 125 mg/dL), día y noche, es un gasto finalmente superfluo o ridículo.

Para la persona que tiene DM, poder alcanzar los niveles hiperglucémicos no requiere de ningún conocimiento ni ayuda del profesional de la salud.  Hasta un niño de 7 años de edad puede lograr la hiperglucemia sin la más mínima dificultad y sin adiestramiento profesional alguno.

En cambio, el valor de aprender del profesional de la salud las estrategias para estabilizar la GS en el rango de valores seguros (60 – 115 mg/dL, por ejemplo) es invaluable.

La variabilidad e imprevisibilidad de los efectos del "tratamiento" en la DM

Las insulinas, tanto la prandial como la basal, constituyen la respuesta más natural, eficaz, y fácil para la hiperglucemia diabética patogénica que es la característica principal de la DM y también la causa de las complicaciones diabéticas.

De hecho, para los que viven con DM1, no hay otra opción de tratamiento funcional que el autotratamiento con insulinas.  Para los que viven con DM2 ó DMgestacional, no hay mejor elección que la insulina entre los múltiples medicamentos farmaceúticos disponibles en el mercado.

Cuanto mayor sea la ingesta de CHO en la dieta, más impredecibles serán la rapidez con que la glucemia llega a ser la hiperglucemia y el grado del aumento glucémico eventual observado.

Esta impredecibilidad se ve agudizada por la variabilidad en la absorción de la insulina y los agentes antidiabéticos orales.  El tamaño de las dosis de insulina afecta la absorción de la insulina.  A su vez, la absorción de la insulina determina, en parte, la velocidad y la intensidad de su efecto hipoglucemiante.  El pico y la duración de acción de la insulina están relacionados al tamaño de la dosis inyectada.

Por ejemplo, de 29% - 39% de las dosis de insulina mayores de 7 unidades no es funcional porque no es absorbido por el cuerpo.  La insulina inyectada no se absorbe de manera consistente y la variabilidad de la absorción que resulta se amplifica cuanta más insulina se inyecta.

Los factores de variabilidad se incrementan cuando la cantidad de insulina inyectada es grande.  Así es que el alto consumo de CHO genera perfiles glucémicos anormalmente elevados, que requieren mucha insulina para reducir.  Los perfiles glucémicos que resultan de muchos CHO y mucha insulina casi siempre son erráticos e inestables.

Ultimos comentarios

En México, como en todo el mundo, más que la mitad de las personas que viven con DM buscan y reciben "tratamiento" para la condición.  La calidad y la finalidad del tratamiento recibido varían enormemente. 

Generalmente y para la mayoría de los que viven con DM, los tratamientos no ofrecen protección de las complicaciones diabéticas futuras, porque no enseñan a las personas afectadas a automanejar y mantener niveles de glucosa en sangre normales (71 - 99 mg/dL) o cercanos a los normales.

La normoglucemia ofrece el mejor y más seguro camino hacia la salud futura para la persona que tiene DM.  El manejo de esta opción de tratamiento, sin embargo, comúnmente no se le ofrece a la persona que vive con DM.  Tanto los profesionales de la salud como sus pacientes suponen que la normoglucemia es inalcanzable para cualquier persona que vive con la DM.

Pero es una suposición errónea.  En realidad, existen herramientas para mantener los niveles de GS normales o cercanos a los normales, de manera continua y predecible.  Una de estas herramientas es el plan de alimentación que enfatiza una reducción de la cantidad de CHO consumidos.

En cuanto a los efectos exagerados y evidentes de los CHO y de las limitaciones de los medicamentos antidiabéticos para responder suficientemente a la hiperglucemia diabética repentina, el paciente que tiene DM, por haber realizado el automanejo o automonitoreo casero, estará bien enterado de la dificultad o "imposibilidad" de mantener un balance glucémico estable y saludable. 

El profesional de la salud también estará bien enterado.  Frente al consumo de los CHO por indicación médica y dietética, la única manera de no saber el comportamiento de la glucemia diabética es no quererlo saber.

Si la persona que vive con DM y su equipo de profesionales de la salud tienen la información diabetológica correcta y necesaria (como, por ejemplo, qué es un rango normal de GS y qué son las probables consecuencias de la hiperglucemia diabética crónica a mediano y largo plazos), podrán colaborar para establecer metas glucémicas racionales y saludables y deducir en qué consiste el tratamiento lógica de la hiperglucemia diabética

Estos conocimientos útiles son herramientas que no sustituyen necesariamente el uso de uno ó más medicamentos antidiabéticos.  Pero la reducción considerable de los CHO alimenticios conlleva una reducción importante de las dosis de los medicamentos y un aumento de la estabilidad de la glucemia dentro del rango de valores mayormente seguros.  Para la persona que tiene DM, la reducción de CHO en la dieta ofrece un seguro para la salud actual y futura.



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Dr. Stan De Loach

Foto Dr. Stan De Loach
Especialista en Diabetes
Mellitus, tipo 1

Educador en Diabetes

52 años de experiencia acompañando y capacitando a niños, adolescentes, adultos a normalizar sus niveles de glucosa en sangre, para así prevenir hiperglucemia, hipoglucemia y las demás complicaciones diabéticas

Ciudad  de  México

Citas:  +52  555510 9830



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